Axioma 1: El sexo nos pone en contacto con el universo y en armonía con la naturaleza
No asustes a los caballos*
 Brad Young
Vienen aquí a copular, por las noches regularmente. Se debe a mi lugar de residencia; es por eso. Vivo en una vererda pintoresca, nada frecuentada para otros menesteres. Algunos de mis visitantes son furtivos. Otros permanecen alcohólicamente ignorantes de lo que los rodea. Se montan unos a otros sobre los cofres de sus autos, se acuclillan unos sobre otros en el camino, lo hacen contra los árboles. Los he visto hacer aquello que es inconveniente, de forma exhuberante contra ese olmo, bah, por lo menos mil veces. He visto guirnaldas humanas** tan complejas, que debieron necesitarse varios ministros del Señor de las Tinieblas para acomodar todos los cuerpos de tal forma que las partes se alinearan, y todos parecían tan esmerados que pensé pudieran ser de otro planeta. Una noche estrellada, dos perfectos caballeros estacionaron de forma correcta su sedan al final de la vereda, caminaron a la verja aquella que se ve allá y de forma ruidosa se sodomizaron el uno al otro. No hago juicios.
Yo mismo de joven fui sodomizado una vez. Un tipo grande y pinto me sorprendió en un rincón estrecho. Y vaya que dolió. Cifro grandes esperanzas de que aquello no me vuelva a suceder.
Veo que estás alarmado. Me explico: mi laringe se ha puesto extraña. Ya me ha sucedido. Es inexplicable e impredecible. Quiero que me escuches, porque no sé cuánto tiempo me queda. He oído un montón de todo lo que tu especie ha estado diciendo por estos lares durante los últimos veinte años y ahora, pon atención, poruq tengo una cosa simple que decirte.
Casi todos los noctámbulos vienen por aquí y no tienen mucho que decir. Por lo regular sólo apagan las luces de sus autos, murmuran, se aparean y se van. Y no tengo problema alguno con ello. Algunas veces me despierto –tengo el sueño ligero– pero nunca me molestan. Son bienvenidos. Éste es un “puerto libre”.
Y no son siquiera todos los que hablan los que me molestan. Algunos de ellos están bien. He escuchado algunas lindas declaraciones por aquí.
Esto es lo que no me cuadra: aquellos que hablan como si fueran los héroes de la especie sólo por hacer lo que todo el mundo hace por aquí. Es la gente que se desboca hablando de la libertad y la anulación de los lazos convencionales y la liberación de sus cuerpos y de sus almas. Éstos hablan y hablan. Están buscando un límite confortable a aquello que luego harán. Quieren que su frenesí encaje en alguna fórmula. Lo que dicen es: “todo está bien, mientras no asustes a los caballos.”
La mitad de ellos piensa que son don o doña “Naturaleza” y la otra mitad piensa que comete exaltados crímenes contra natura, y de verdad no me interesa cómo se miren a sí mismos. Es cómo se justifican a lo que me opongo.
“No asustes a los caballos”. Por Dios. Como si nos preocupara lo que hacen con sus rosados y frágiles órganos.
Creéme, entiendo la urgencia de saltarse la barda. Mi único amigo es una mula y la mitad del tiempo ni siquiera me habla. Por favor, alivien mi tedio viniendo aquí y trotando por el entorno como Dios los trajo al mundo. Sólo no pretendan que puedan llegar a asustarme. Pero eso sí, harán bien en mantenerse fuera de mi camino cuando haya aroma de yegua en celo en el aire.
Hablando como un caballo, te aseguro que gozan de mi absoluta indiferencia. No estoy tan interesado en la sexualidad humana. Es sólo un accidente de residencia por lo que estoy tan expuesto a ella. Acepto que existe un elemento de fisgonería, pero si hubiera suficiente luz por aquí para que ustedes vieran con claridad, la evidencia de mi tenue interés le haría meditar al cabo. De verdad, si ese bruto pinto volviera por acá, eso sí me asustaría. Pero ustedes… ¡ea!, digo entre las trompetas.
Traducción: Carlos Pascual
Notas del traductor: * Don’t frighten the horses es un dicho que se suele utilizar en los países de habla inglesa para afirmar que cada quien puede hacer lo que le plazca, casi exclusivamente en referencia a actividades sexuales, siempre y cuando no se moleste a terceros. ** En la versión original se utiliza un término que literalmente se traduciría como “cadena de margaritas del diablo”. *** Referencia bíblica de un caballo que avanza sin miedo en una batalla (Job cap.39 vers.25).
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